Biografias

Si hay una arquitecta conocida en España es Matilde Ucelay Maortúa, nacida en 1912 y fallecida en Madrid el 24 de noviembre del 2008. Y no solamente por haber sido la primera mujer que terminó la carrera de arquitectura en este país, sino por haber recibido en el 2004 el Premio Nacional de Arquitectura, otorgado anualmente por el Ministerio de Vivienda a “aquellos arquitectos cuya aportación sobresaliente y continuada, realizada fundamentalmente en España, y valorada con criterios objetivos, haya puesto de relieve los aspectos sociales, económicos, estéticos y tecnológicos de la arquitectura“.

En 1931, ingresa en la Escuela de Arquitectura de Madrid, cuando apenas eran conocidos los nombres de una o dos arquitectas en toda Europa : la irlandesa Eileen Green y la alemana Lili Reich.

Algunas de sus amigas se decantaron por las carreras de Filosofía y Letras o Farmacia, pero ella tenía claro que lo suyo era la arquitectura. Época difícil, cuando menos, la que pasó estudiando en esos míticos años treinta en la Escuela de Arquitectura de Madrid, a pesar de algunos inconvenientes menores como el que la escuela careciera de aseos para señoritas. Amiga de Félix Candela y de Chueca Gotilla, este último con quien, estudiando durante un verano, realiza dos cursos en uno.

A pesar de lo inusual de su situación, siempre gozó del mayor respeto tanto de sus profesores como de sus compañeros. Su asignatura preferida: Proyectos Arquitectónicos. Terminó su carrera en 1936.

En 1937 aparece como secretaria del Colegio de Arquitectos de Madrid, siendo presidente Eduardo Robles Piquer. El colegio, cerrado en los inicios de la guerra, había vuelto a abrir sus puertas por iniciativa personal de Ucelay.

Se casa en Valencia en 1937 con José Ruiz Castillo, abogado y funcionario del ministerio de agricultura, editor de los más importantes autores de las generaciones del 98 y del 27, y tiene dos hijos.

Dos días antes de que estallara la guerra civil, fue homenajeada en el Colegio de Arquitectos de Madrid, acto al que acudieron destacadas figuras de la Segunda República como el Ministro de la Gobernación, Amós Salvador. Este hecho, junto con su filiación republicana, hizo que una vez terminada la contienda, en 1940 fuera depurada y condenada en Consejo de Guerra a la inhabilitación para ejercer cargos públicos de por vida y para ejercer su profesión, durante cinco largos años.

A pesar de todas las prohibiciones y dificultades, Matilde Ucelay mantuvo una actividad profesional continuada durante más de cuarenta años, construyendo edificios para clientes privados, proyectos que hábilmente consiguió que firmaran, al principio de su trayectoria, otros compañeros. Ejerció su labor en circunstancias realmente difíciles, inmersa en el contexto social de la época franquista, en el que las mujeres se veían confinadas al ámbito privado y forzadas a cumplir roles exclusivamente domésticos y familiares, careciendo de derechos legales. Sencilla y responsable, trabajó toda su vida sin considerarlo algo excepcional.

Su arquitectura se caracteriza por una profusión y riqueza en los detalles, y por un diseño  intimista, ligado al usuario y al entorno. Entre sus obras destaca un gran número de viviendas unifamiliares, colaborando en algunas ocasiones, con el diseñador de jardines y paisajista, Couchepin.

Entre sus más de ciento veinte proyectos, destacaremos “La Casa Oswald”, en Puerta de Hierro en Madrid; “La Casa Benítez de Lugo”, en las Palmas de Gran Canaria; así como las librerías “Turner” e “Hispano-Argentina” en Madrid. También diseñó fábricas, laboratorios y otros edificios singulares.

Un total de más de 120 proyectos, Ucelay cumpliría su sueño de construir y rehabilitar edificios, eso si algunas de ellas sin su nombre, al prohibírsele durante cinco años ejercer su profesión, con gran inteligencia, dedicación y carácter, ejerció plenamente una profesión liberal de importantes responsabilidades hasta su jubilación en 1981.

Matilde Ucelay fue una pionera dentro de la arquitectura española, perteneciente a una generación de mujeres que supieron vivir su vida con imaginación. Mujeres que nos abrieron los caminos que hoy recorremos, con menores dificultades que las que ellas tuvieron que vencer, para participar en la hermosa tarea que es el construir.

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena anuncia un jardín en recuerdo de Matilde Ucelay, primera arquitecta española.
La Vanguardia 29/09/2918

Gabriella Morreale nació en Milán el 7 de abril de 1930. Sus padres eran biólogos y siempre tuvo un ambiente familiar muy inclinado al estudio y a la ciencia. Durante su infancia y por motivos profesionales de su padre, la familia residió en Viena y Baltimore. Finalmente, en 1941 la familia llegó a Málaga, donde Gabriella hará sus estudios de bachillerato. En el curso académico 1947/48 inicia en la Universidad de Granada sus estudios de licenciatura en Ciencias Químicas, que finalizará en 1951 (en 4 años, tras una dispensa especial del Rector) y con Premio Extraordinario. Es en esta Universidad donde conoce, al que sería su marido y compañero de vida e investigación, el médico D. Francisco Escobar del Rey.

Gabriella realiza su Tesis Doctoral en la Universidad de Granada bajo la dirección del catedrático D. Enrique Gutierrez Ríos, que llegó a ser también Rector de la Universidad Complutense y Presidente del CSIC. El tema de trabajo de la Tesis está en la línea de las investigaciones realizadas por el Catedrático Eduardo Ortiz de Landázuri, en la misma Universidad de Granada, sobre la incidencia endémica del bocio en las Alpujarras, tema en el que Francisco Escobar también estaba trabajando. La Tesis de Gabriella llevaba por título “Sobre la determinación del iodo en medios biológicos”, que fue presentada y defendida el 26 de septiembre de 1955. En sus investigaciones y tras un cuidadoso trabajo, Gabriella consigue en su Tesis determinar yodo en muestras biológicas (suero, sangre) en concentraciones hasta cuatro veces menor que por los métodos conocidos y desarrollos en esa época.

Estas investigaciones junto con otras realizadas dentro del grupo de investigación del Profesor Ortiz de Landázuri fueron decisivas para paliar e incluso erradicar el bocio y el cretinismo en la Alpujarra granadina.

En 1955 Gabriella y Francisco consiguen una beca del CSIC y se van a trabajar a Leiden (Holanda) con el Profesor Andries Querido, gran especialista mundial en trastornos de deficiencia de yodo y sus consecuencias neurológicas. El Prof. Querido había mostrado mucho interés por los trabajos que habían llevado a cabo ambos en Granada, y los acogió en el Departamento de Medicina y Endocrinología Clínica de Leiden que él dirigía. Allí estuvieron hasta 1958, y la relevancia de Gabriella era tal que durante el curso académico 1957/58 fue contratada como jefa de laboratorio (hoofdassistant) y eso nos da una idea tanto de su talento científico y técnico como de su posición dentro del grupo.

En 1958 Gabriella y Paco vuelven a España, donde Gabriella había sacado por oposición una plaza en la Escala de Colaborador Científico del CSIC, y empiezan a trabajar en el Centro de Investigaciones Biológicas (CIB), que había sido recientemente inaugurado. Allí Paco y Gabriella establecen las técnicas y método aprendidos en Leiden y empiezan a tener sus primeros becarios. En este Instituto del CSIC estuvieron trabajando y realizando sus investigaciones (los “Escobar”, como los llamaban dentro y fuera del Instituto) hasta la explosión ocurrida en las calles Joaquín Costa y Velázquez, por un escape de gas, en junio de 1973. Esto les obliga a trasladarse en 1976 a la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid. Allí terminarán adscritos al Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIB) “Alberto Sols” del CSIC, en cuyas dependencias mantendrán su laboratorio el resto de su carrera.

Gabriella Morreale ha sido una experta de muy reconocido prestigio nacional e internacional en bioquímica de la endocrinología y la nutrición. Muchas son sus aportaciones científicas en este campo, desde la determinación de yodo en líquidos orgánicos, a la casi erradicación del bocio por déficit de yodo en España al incorporarlo a la sal yodada, a los efectos negativos de la falta de yodo en el metabolismo o la detección precoz de disfunciones en el metabolismo tiroideo del neonato, mediante los niveles de yodo de un recién nacido en sangre. La falta de este componente puede provocar trastornos como retraso mental severo o hipotiroidismo congénito. Contribuyó de manera decisiva en la decisión del suplemento de yodo a las madres embarazadas para asegurar un correcto desarrollo del feto. Solo un tratamiento que se inicie poco después del nacimiento puede evitar la aparición de estos efectos. Fue la pionera en introducir en España, a partir de 1976, el “streaming” o como se la conoce “prueba del talón” al recién nacido.

Ha tenido diferentes cargos a lo largo de su carrera investigadora, como Jefa de la Sección de Estudios Tiroideos del Instituto Gregorio Marañon, entre 1963 y 1975 y directora del Instituto de Endocrinología y Metabolismo Gregorio Marañón entre 1975 y 1980. En 1970 promociona a Profesora de Investigación del CSIC, que es cuando se crea esta escala. Entre 1975-1979 fue Presidenta de la Sociedad Española de Endocrinología; y también fue Presidenta de la “European Thyroid Association” entre 1979-1982.

Ha tenido muchos reconocimientos, entre otros, el Premio Nacional de Investigación en Medicina (1977); el Premio Reina Sofía de Prevención de la Subnormalidad (1982); el Premio Severo Ochoa de Investigación Biomédica (1989); el Premio de Investigación de la “European Thyroid Association” (1985); el Primer Premio de Investigación de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) (1991). En 1994, nombrada Académica de Honor de la Real Academia Nacional de Medicina y en 1997 le concedieron el Premio Nacional de Investigación Médica Gregorio Marañón (1997). En 1998, Premio Rey Jaime I a la Investigación Médica. la Universidad de Alcalá de Henares le concedió en 2001 el Doctorado en Medicina Honoris Causa.

En 1995, tuvo la jubilación obligatoria en el CSIC, pero siguió como Doctora vinculada Ad Honorem hasta 2010. Gabriella falleció en Madrid el 4 de diciembre de 2017.